Memoria del dolor
Escribir
sobre sobre la realidad de América Latina, es preguntarse como narrar horror,
como evidenciar la suspensión de la
condición humana, reflejado en el
aniquilamiento de innumerables hombres convertidos en cosas, pero el cual se ha
naturalizado de tal manera que el asesinato
de un hombre es susceptible de ser vivido como un acto de la vida cotidiana, “ 20
millones de niños latinoamericanos morían antes de cumplir dos años, que son
más de cuantos han nacido en Europa occidental desde 1970” ejemplos
como este, abundan en las historias de
vida de nuestra población en donde la neutralidad de la muerte es un ideal de
profecías de autocumplimiento, que con el tiempo lo único que han logrado, es normalizar
la muerte, asignarle una culpabilidad al cadáver y seguir reforzando el
presupuesto de la distancia.
Es
por ello que la guerra como experiencia configura y desconfigura sentidos de
vida, revela la pérdida del sentido ético, la ausencia de la totalidad del
decir humano; donde expresiones del
dolor se hacen evidentes, por un lado están quienes se relacionan con esta
experiencia como en el caso Colombiano “territorio de estado generalizado del
silencio, ya que silenciar es una estrategia militar, y el silencio una táctica
de supervivencia” (castillejo, 2000) y por el otro
construcciones sociales a través del olvido que buscan saldar cuentas con su
propio recuerdo.
Sin
embargo, esta realidad social no recae en personas,
sino que se fundamenta en la discriminación socio-racial como herramienta de un
sistema de comunicación e información hegemónico que es naturalizado; Europa-
America, Primer mundo – Tercer mundo- en donde se naturaliza la exclusión, la
esclavitud, la diferencia y por ende se da la suspensión la condición humana. “Es comprensible que insistan en medirnos con la misma
vara con que se miden a sí mismos, sin recordar que los estragos de la vida no
son iguales para todos, y que la búsqueda de la identidad propia es tan ardua y
sangrienta para nosotros como lo fue para ellos”
Donde
los testimonios sirven para romper
ciertas concepciones arraigadas en el sentido común y mirar de manera
diferente lo acontecido, permitiendo
establecer la relación del testimonio con el momento de realización simbólica y
los modos de construcción de la memoria.
García
Márquez nos abre una posibilidad a crear identidad, a través de la poesía que
permite reconfigurar sentidos, brindarnos la esperanza de construir un mundo
utópico pero contrario a la realidad, que aunque ha sido quien ha dado cabida a
innumerables expresiones literarias es la única que nos brinda la oportunidad
de salvarnos de estar condenados a cien años de
soledad, abrir las puertas a la soledad de America Latina.
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